lunes, 20 de junio de 2011

Podría escribir los post más tristes esta noche.

Hoy miré hacia atrás. No me conformé con recordar mi vida y sus cambios desde el 1 de enero, no, decidí que sería mejor remontarse a septiembre. ¿Por qué? Porque mi vida no había cambiado desde la fecha que yo lo creía, sino desde antes.
Es curioso cuando aprendes a mirar a tu alrededor. Estás tan cegado por tus problemas, por tus pensamientos y tus sentimientos que no te das cuenta de que las personas a tu alrededor también los tienen. Y sí, ellos te hablan, te cuentan cosas, y tú asientes, les escuchas, les abrazas, les das tus mejores frases de ánimo, pero... ¿En serio? No, de eso nada. Ni siquieras eres consciente de qué te están tratando de decir. Piensas, sí, es un problema, pero, ¿Hasta qué punto? ¿Es peor que los míos? Y no quieres entender. Tu mente entra en modo distorsionado y realmente no quieres intentar ponerte en su lugar.
Hasta que un día como hoy te remontas a días pasados y te das cuenta de que esas personas siguen a tu lado. Que han sentido cosas y no te has enterado. Que han llorado, han gritado, han reído, han tenido miedos y esperanzas. Con o sin ti. Y hay que cambiar este "sin ti".
Y sientes nostalgia. De tiempos mejores, de momentos en los que nada había cambiado, de días en los que sólo puedes recordar sonrisas... Y te hubiera gustado estar ahí para llorar a su lado. Para coger la playlist más deprimente que tengas en tu ipod y escucharla juntos en algún rincón de la ciudad, mientras un ligera brisa moviera vuestro pelo en la suave noche.

¿Que qué quiero? Aquél tiempo en el que nada importaba más que la amistad, que nadie la nublaba, y solo se oían risas, tonterías y charlas de poca importancia en alguna terraza comiendo tortitas.


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