jueves, 1 de septiembre de 2011

Juguemos a no hacer nada

Dicen que el que no arriesga no gana. Que hay que arrepentirse únicamente de las locuras que no cometas. Que es mejor fracasar en el intento que no intentarlo. Pero... nadie habló de tener buenos resultados. Yo ya lo siento, pero tengo que admitir que no soy buena en este juego. Bueno, más bien en ninguna clase de juego. Fingí ser lo suficientemente fuerte para creerlo, y lo conseguí, o al menos durante un corto periodo de tiempo vi la vida a mi favor, noté cómo el sol sonreía todas las mañanas y quise sonreir con él. Sin embargo ya es septiembre. Adiós verano. Hola nubes. ¿Queréis saber qué pasó? Pues sí, fracasé. Yo no soy ninguna Blair Waldorf. Me dejé llevar por ilusiones e impulsos, por planes aparentemente detallados que ya no tienen sentido.

Ahora todo está al revés. El karma no funciona, mis soluciones no son efectivas, y la ley famosa se cumple al ver que, efectivamente, todo podía empeorar. Pero la gente sigue diciendo por ahí que es mejor arriesgarse. Yo ya perdí. ¿Quieres probar tú? ¡Genial! Pues yo tengo otros planes. Mira, ya sé lo que vamos a hacer, y eso es... absolutamente nada. Se trata de que yo me quedo aquí mirando, los demás se divierten, y no pierdo nada más. Tampoco gano, pero consigo lo que tenía hace algunos años: estabilidad. No una estabilidad muy feliz y plena que digamos, pero vacía de decepciones, errores y malos entendidos.
Sí, estoy cansada, soy aquel que en las películas tropieza y dice: "¡Sálvate tú!"


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