domingo, 11 de septiembre de 2011

Triste vida de los cineastas

En la vida no hay banda sonora para momentos románticos, ni tristes, ni peligrosos... No hay fundidos a negro al terminar un momento especial, ni fundidos a blanco que evocan recuerdos. No hay cambio a tono sepia ni a escala de grises. No se enfocan las sonrisas, ni las miradas, de los pequeños detalles como un paquete sobre la encimera o un jarrón hecho añicos en el suelo del salón. Las imágenes de recuerdos no se superponen con uno mismo mientras conduce su coche a toda velocidad. No hay iluminación cuando cae la noche ni un desvío de la imagen cuando ocurre un accidente. No hay congelados, ni pequeños pero vitales gestos, ni ese sonido que imita a un lento latir del corazón mientras lo demás pierde sonido y movimiento. No hay voces profundas sacadas de un doblaje, ni sonidos limpios al pisotear baldosas. En la vida no hay fin tras las alegrías, el tiempo sigue y te da pie a que cometas grandes y profundos errores.


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