viernes, 14 de octubre de 2011

Lost without translation

Ni la noche es lo suficientemente fría ni larga para pensar. Son tantas cosas de repente... tantas personas gritando al mismo tiempo... que me siento totalmente perdida. Y ya no sirve mirar hacia el cielo y guiarse por la estrella polar, porque ya no brilla y, si lo hace, no me lleva hacia el norte. Un adivino me dijo una vez que tendría muchas distracciones, pero que, pasase lo que pasase, no debería dejarme llevar por ellas. Pues eso intento, pero todo está borroso y ya no sé cuál es el camino correcto.

Me siento como si fuese la protagonista de una película. Pero de su película. Ellos actúan y yo les miro confundida, sin diferenciar teatro de realidad. Ellos dicen mi nombre, se ríen con él, y también se enfadan. Pero... ¿Dónde estoy yo? Yo soy la espectadora de mi propia película. Me remuevo nerviosa en la butaca de terciopelo, asustada por los nudos de acción. Pero estoy ahí, o debería estarlo. Y nadie me ha contado el argumento, ni me ha explicado mi papel, sólo me han colocado en medio de algo de lo que ahora no sé cómo salir. Siento que hay miles de ojos clavados en mí, en mi pantalla, pero yo no actúo. Yo... no sé nada.


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