domingo, 27 de noviembre de 2011

Ícaro

No sé cómo podemos llegar a ser tan estúpidos de hacernos ilusiones. Las altas expectativas y las proyecciones de los sueños nos hacen despegar de la realidad hacia un mundo fantástico en el que todo es idílico. Aún nos hacen falta cuerdas que nos mantengan unidos al frío suelo. Y eso que se supone que somos seres inteligentes... Pero no, nos dejamos llevar por ensoñaciones de película, y en eso tengo algo de culpa, hasta que nos damos de cabeza contra el techo. Entonces solo podemos sentir cómo la herida sangra y sus gotas recorren nuestro rostro, burlándose de nosotros. Prometemos no volver a hacerlo. ¡Já! Yo me río de las promesas. Lo que pasa es que la realidad es tan dura que a la mínima oportunidad que tenemos de huir echamos a volar. Y luego pasa lo que pasa... que el sol derrite nuestras alas de plástico.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Us & Ourselves

Cuentan que las personas terminan por destruir otras personas, o herirse a sí mismas, cuando no cuentan sus problemas a los demás, cuando lo guardan para sí mismas y así van acumulando. Dicen que es bueno liberarse de esas cosas que te devoran el alma, echarlas afuera. Se supone que así te sientes más ligero, porque otros te ayudan a sobrellevar tu carga. Pero yo no quiero contar esto que me pasa. Porque siento que cuando lo cuento el problema se vuelve real. Puede que esta vez pruebe a cerrar los ojos y murmurar: "Si no lo digo no existe".


lunes, 21 de noviembre de 2011

La vida no es corta, es lo más largo que tenemos.

Durante décadas, el tiempo ha sido el centro de muchas conversaciones. Filósofos, escritores, cantantes... incluso nosotros mismos. Se dice que cura las heridas, que da su merecido a quienes te hieren, que se lleva la belleza y la vida misma... Desean ser vampiros inmortales los que opinan que pasa para mal. Tienen comportamientos extremos los que creen que es insuficiente. Disfrutan de su lento caminar aquellos que tienen fe en que su paso trae cosas posiblemente mejores. Cada cual lo ve a su manera.

Lo que sí es verdad es que, irremediablemente, pasa sin que te des cuenta. Ahora mismo está pasando mientras tú lees esto. Pero no hay que preocuparse, la vida es muy larga. La vida es lo más largo que conocemos.

Por eso no hay que llorar cuando alguien nos dice adiós, solo hay que tener paciencia. ¿Crees que no te volverás a cruzar en su camino en unos 50 años? Vamos, piénsalo. Si alguien se enfada contigo injustamente, trayéndote una sensación grave de impotencia al no hallar solución a corto plazo, no sufras. Lo mejor que tiene el tiempo es que corre un tupido velo sobre las leves heridas, además de conseguir que las personas se den cuenta de sus propios errores, o errores ajenos.

Es por ello que no encontramos motivos para no perdonar a alguien que nos hizo mal hace algún tiempo. Vemos el problema que algún día nos cortó la respiración de una manera lejana y borrosa, como si ya no tuviera sentido e incluso fuera de risa. Del mismo modo que tú serás perdonado y podrás volver a abrazar a los que una vez fueron tus amigos y por un malentendido la relación se torció.

La clave es la paciencia, así que relájate y sonríe, a la vida le encantará tu sonrisa y te traerá un pequeño regalo.


sábado, 19 de noviembre de 2011

No Air

Dime cómo se supone que se puede respirar sin aire.

Si me muero antes de levantarme una mañana es porque tú me has robado el aliento, porque vivir sin ti es cómo vivir en un mundo en el que se agotó el aire. Estoy sola. Yo no quería irme. Ni siquiera encontré una manera de hacerte entenderlo, o quizá ya ni siquiera quise seguir intentándolo. Sinceramente, no sé cómo esperas que siga sin nadie más que yo. Es como estar sin una gota de aire. Ahogada en lo más profundo del agua. Caminé, corrí, salté, volé... No hay ley de la gravedad que me haga caer a la realidad. Pero de alguna manera sigo viva en mi interior, no sé por qué, ni siquiera me importa. Tú te llevaste mi respiración, pero sobreviví.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Recuerdos de San Valentín

Te despiertas por la mañana, como un día normal. Y no sabes por qué razón estás más contento que de costumbre. Entonces recuerdas qué día es. Solo es un día más. Un santo más. Pero, por alguna razón u otra, piensas únicamente en esa persona especial. El corazón te hace pum-pum pum-pum a un ritmo frenético y contagioso, continuamente, y cada vez más rápido a medida que pasan los minutos. Te sorprendes poniéndote el mejor perfume que tienes, con tu camisa más bonita y esa pulsera que te regaló hace unos pocos meses, y, antes de salir de casa, coges un pequeño paquetito envuelto y suspiras.

Cuando le ves te lanzas a sus brazos como nunca antes lo habías hecho, y cuando paseas a su lado sonríes y miras distraidamente los escaparates de las tiendas, llenos de globos en forma de corazón. Por desgracia, el día termina. Al regresar a tu casa te dejas caer sobre tu cama con un nuevo peluche y sonríes, mientras recuerdas todos aquellos momentos...


Pero es un día normal, ¿No? Porque realmente no tenemos que esperar al 14 de febrero para querer a una persona, y darle un beso como si fuera el último.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Suéltalo

Necesitas llorar. Llorar mucho. Llorar hasta que tus ojos duelan. Hasta cansarme. Hasta olvidarte de eso por un momento. Hasta empapar tu cama. Hasta perder su imagen de tu mente ahora. Hasta nublar tu vista. Hasta dejar de imaginar sus besos.
...Pero no te sale ni una sola gota. Y yo me estoy derrumbando por tan solo mirar cómo guardas todo en tu interior. Temiendo que algún día explote, y te hiera aún más.



miércoles, 9 de noviembre de 2011

Maldito tiempo

Llámame pesada si quieres, pero yo no dejaré así de abrazarte y susurrarte que te quiero. Quizá sea empalagosa y agobiante pero es que tengo miedo. El tiempo siempre pasa, a veces nos quejamos de que deprisa... otras veces de que despacio... pero pasar, lamentablemente, pasa. Y yo tengo miedo de que el tiempo pase y tú pases con él, que te agarres a su etérea mano y le sigas hipnotizado por sus versos.

Prefiero aprovechar cada segundo de mi vida contigo antes de que te vayas lejos. Porque sé que lo harás, y sé que yo sufriré. Y sé que cuando te hayas ido lamentaré cada minuto que no estuve a tu lado, cada lugar que no visitamos cogidos de la mano, todos aquellos momentos que podríamos haber vivido... Por eso quéjate de mí ahora, no me importa en absoluto, pero yo no te soltaré hasta que tú no decidas irte una vez más.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Spotlight

Eres de ese tipo de chicos tan efusivos que no puedes callar lo que mueres por gritar, y es algo que te hace vivir en una cárcel de tus propias palabras. De verdad que odio vivir bajo tu foco de atención, si al menos me trataras bien... Pero no es el caso. Te empeñas en mantenerme presa de tu castigo, centrándote en mí y en absolutamente todas mis palabras para tergiversarlas y sacar siempre algo negativo de ellas. Busca alguien que se preocupe por ti. Aunque sea yo esa persona, quien reza porque estés bien cada noche, por que cuides de ti mismo. Sé que no lo haces. Sé que cada noche intentas dejar atrás los problemas, pero las mañanas siempre te traen ese malestar de vuelta. Y vuelves a centrar tu atención en mí. De verdad, no tienes que preocuparte. Yo sigo aquí, ¿Lo ves?

¿Qué clase de relación tenemos? ¿Qué son esos sentimientos? Tú me echas de menos en secreto. Yo intento cada día buscar razones para no hacerlo... y me las das. Si me quieres, me quieres mal. ¿Qué crees que estás haciendo? Abre los ojos porque esto no me gusta. Pero ábrelos de verdad, sepárate de esas influencias que te confunden y mira únicamente a través de ti mismo.

De verdad que me gustaría decirte que en mi vida no hay nadie más. Pero no puedo. Vivo bajo tu foco de atención. Y ni siquiera me tratas bien.


Inventar recuerdos que pudieron ser reales

Recuerdo que yo estaba sentada en silencio en una silla. Tú tumbado en la cama, y me mirabas sonriendo, cansado y con un poco de sueño. Era pronto, pero no demasiado, aunque la noche anterior no habíamos dormido. Yo me levanté. Te sonreí. Me sonreíste. Y mientras el sol de la mañana se colaba como podía por la ventana tú me cogiste de la mano y me llevaste hasta ti. Me caí sobre ti y los dos reímos. Recuerdo que eran buenos tiempos. Que éramos felices.

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