lunes, 21 de noviembre de 2011

La vida no es corta, es lo más largo que tenemos.

Durante décadas, el tiempo ha sido el centro de muchas conversaciones. Filósofos, escritores, cantantes... incluso nosotros mismos. Se dice que cura las heridas, que da su merecido a quienes te hieren, que se lleva la belleza y la vida misma... Desean ser vampiros inmortales los que opinan que pasa para mal. Tienen comportamientos extremos los que creen que es insuficiente. Disfrutan de su lento caminar aquellos que tienen fe en que su paso trae cosas posiblemente mejores. Cada cual lo ve a su manera.

Lo que sí es verdad es que, irremediablemente, pasa sin que te des cuenta. Ahora mismo está pasando mientras tú lees esto. Pero no hay que preocuparse, la vida es muy larga. La vida es lo más largo que conocemos.

Por eso no hay que llorar cuando alguien nos dice adiós, solo hay que tener paciencia. ¿Crees que no te volverás a cruzar en su camino en unos 50 años? Vamos, piénsalo. Si alguien se enfada contigo injustamente, trayéndote una sensación grave de impotencia al no hallar solución a corto plazo, no sufras. Lo mejor que tiene el tiempo es que corre un tupido velo sobre las leves heridas, además de conseguir que las personas se den cuenta de sus propios errores, o errores ajenos.

Es por ello que no encontramos motivos para no perdonar a alguien que nos hizo mal hace algún tiempo. Vemos el problema que algún día nos cortó la respiración de una manera lejana y borrosa, como si ya no tuviera sentido e incluso fuera de risa. Del mismo modo que tú serás perdonado y podrás volver a abrazar a los que una vez fueron tus amigos y por un malentendido la relación se torció.

La clave es la paciencia, así que relájate y sonríe, a la vida le encantará tu sonrisa y te traerá un pequeño regalo.


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