domingo, 27 de noviembre de 2011

Ícaro

No sé cómo podemos llegar a ser tan estúpidos de hacernos ilusiones. Las altas expectativas y las proyecciones de los sueños nos hacen despegar de la realidad hacia un mundo fantástico en el que todo es idílico. Aún nos hacen falta cuerdas que nos mantengan unidos al frío suelo. Y eso que se supone que somos seres inteligentes... Pero no, nos dejamos llevar por ensoñaciones de película, y en eso tengo algo de culpa, hasta que nos damos de cabeza contra el techo. Entonces solo podemos sentir cómo la herida sangra y sus gotas recorren nuestro rostro, burlándose de nosotros. Prometemos no volver a hacerlo. ¡Já! Yo me río de las promesas. Lo que pasa es que la realidad es tan dura que a la mínima oportunidad que tenemos de huir echamos a volar. Y luego pasa lo que pasa... que el sol derrite nuestras alas de plástico.



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