lunes, 23 de enero de 2012

Milagros

Hoy mi tío abuelo me dijo que él creía en los milagros y acto seguido me contó dos historias.

Durante la guerra civil, en los pequeños pueblos, se denunciaba a tus vecinos no por ideología, sino por opiniones personales. En una de esas historias un buen hombre fue denunciado a los falangistas por discusiones con un vecino que poco tenían que ver con política. Aquel hombre fue llevado a un descampado donde le pegaron un tiro lo suficientemente hábil para no matarle. Tras aquel ataque una señora del pueblo le arrancó los ojos. Tiempo después, aquella mujer quedó ciega de por vida.

La otra historia que me contó trataba más o menos sobre lo mismo. Un vecino del pueblo, con fama de malo, apuntó todas sus denuncias en un papel y, cuando las tuvo todas, se fue a coger el tren que lleva hasta la ciudad de Salamanca, con la suerte o la desgracia de caer a una zona profunda con agua estancada. Puso todo su esfuerzo en mantener hacia arriba la mano para no mojar sus papeles de denuncia. Al oírle, un vecino se acercó a ayudarle y lo primero que hizo fue cogerle los papeles y, como cualquier persona curiosa, mirar a ver qué era aquello de tanta importancia. Vio su nombre el primero en la lista de denuncias. Como es de esperar, no siguió ayudando a aquel hombre, se marchó por donde había venido. Aquel hombre, el denunciante, se quedó cojo, también de por vida.

Mi tío abuelo lo tacha de milagros. Yo prefiero llamarlo un ajuste de cuentas que la vida nos da gratuitamente. Así que te sugiero que tengas cuidado del mal que causas a los demás, porque quizá seas tú el que acabe peor.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...