martes, 28 de febrero de 2012

No es un secreto, díselo a todos.

Todo el mundo habla de que en la vida hay que improvisar, hay que cerrar los ojos y dejarse llevar. Y eso es lo que hacemos. Cada día nos levantamos sin saber qué puede suceder, qué nos va a cambiar la vida para siempre o qué lección vamos a aprender. Salimos a la calle dispuestos a aceptar cualquier cosa que ocurra. ¿Un nuevo amor? Perfecto. ¿Un encuentro con una antigua amistad? Adelante. ¿Un día de oportunidades? Claro que sí. Todos queremos dejar atrás los errores y concentrarnos en que el futuro venga limpio y puro. En parte es porque no sabemos qué deseamos y dejamos que el destino nos sorprenda.

Pero, ¿Y qué hay de los que lo tienen todo claro? ¿Qué pasa con los que saben exactamente lo que quieren y cómo lo quieren? Hay veces que sólo necesitas una cosa. Que sólo hay un camino que quieras seguir. Y no importa cuánto tiempo tenga que pasar hasta que se abra su puerta, ni cuántas oportunidades dejamos volar para centrarnos en nuestra meta. Porque a veces, y sólo pocas veces, nuestro corazón sólo deja un hueco libre con un cartel de "Reservado". Y sabemos que lo vamos a conseguir. Y esos sueños con los que despertamos cada día avivan las ganas de luchar para conseguirlo.

Porque a veces es mejor abandonar el "Lo conseguí por casualidad del destino" y sustituirlo por un "Lo conseguí porque era para mí".


viernes, 24 de febrero de 2012

Ruta 66

Estamos perdidos. Estamos perdidos los dos. Tú has naufragado entre botellas de ginebra, con barba de varios días sin ver el sol. Yo me he desviado del sendero, caminando en círculos en pleno desierto, acompañada de espejismos. Mi príncipe azul ahora es mi peor pesadilla. Tu princesa se ha rasgado el vestido y ha salido de fiesta. Nuestra vida se ha desmoronado como un castillo de arena. No hay esperanzas, no hay futuro, no hay motivación. Ya nada importa. A ti no te importa. A nadie le importa. Es tarde para cambiar de idea, pero pronto para rendirse. Pero mientras lucho en esta guerra mundial el control se me va de entre las manos como un corazón de arcilla. Sólo me quedan mis sueños. De que cambie el rumbo de la historia, de que sueltes el vaso y me mires, de que tomes conciencia... Y que se disipen las nubes, y volver a oler el perfume de una rosa entre tus manos.


domingo, 5 de febrero de 2012

¿Cómo decirlo?

Levantarse cada mañana pensando en lo mismo. Te miras en el espejo y ensayas la mejor de tus sonrisas. Sales a la calle y el viento frío aclara tu mente. Pero no lo suficiente. ¿Cuándo llegará esa brisa definitiva que arrastre lejos esos pensamientos? La gracia está en que depende de ti, pero tú no te sientes con fuerzas, y tampoco lo deseas de corazón, porque tu corazón está ocupado con otros asuntos. Las horas del día te distraen, pero no lo suficiente. Tú querrías estar en otro lugar... o no, quizá lo que estás buscando es estar en otro tiempo. El presente de tus recuerdos. En ellos no había por qué ensayar sonrisas porque salían solas, porque esa persona te las sacaba con mucha facilidad. No había que levantarse pensando en eso porque aquello en lo que sueles pensar estaba a tu lado, con esa mirada tan bonita, tan suya.

Ahora ninguna mirada es así, todas son vacías, empezando por la tuya propia. Podrás maquillarla pero sólo obtendrás una réplica como los cuadros de contrabando. Quizá antes tu propia mirada era tan bonita porque estaba hecha para ser dedicada. Exactamente igual que todo lo que hacías, por pequeño que fuera. Y ahora ni siquiera eso tiene el mismo sentido. ¿Qué lo tiene? Sólo los deseos que pides cada noche antes de acostarte. Aquel podría haber sido el mejor día de tu vida, pero falta ese algo. Ese algo que era, y es, todo. Pero ya sólo queda aferrarse a la idea de que mientras esa estrella de sensaciones esperanzadoras siga brillando más fuerte que el sol en tu interior, tu sonrisa tendrá un objetivo. Y, si aún sigues creyendo en las promesas y aceptas la mía, te prometo que se cumplirá. Dulces sueños.



viernes, 3 de febrero de 2012

Adaptación de última hora.

"Con qué dolor se llenó mi corazón de tinieblas, pues todo lo que miraba era muerte. Todos esos lugares eran un suplicio para mí y mi casa paterna era desconcertante infelicidad. Todo lo que había vivido con ella se había vuelto un tormento sin su presencia. Mis ojos la buscaban por todas partes, pero no estaba. Y todas las cosas me disgustaban, porque no la tenía. y ya no podían decirme que vendrá, como cuando vivía y estaba ausente. Me volví un gran enigma para mí misma y le preguntaba a mi alma por qué no estaba lo suficientemente triste y por qué me molestaba tanto, pero nada podía responderme. Con razón no me respondía, porque aquella queridísima persona que había perdido era más verdadera y mejor que el fantasma en el que debía esperar. Solamente llorar era dulce para mí y la sustituía en mi alma. Y el agobio de vivir era gravísimo en mí, y el temor de morir... Creo que cuánto más la amaba tanto más temía a la muerte, como una enemiga atroz, que me la había robado. Admiraba que los demás vivieran porque había muerto aquella a quien había amado. Y admiraba aún más el que yo aún viviera porque yo era para ella otro-yo. Bien dijo otro que era "la mitad de mi alma". Porque yo sentí que mi alma y su alma habían sido una sola pero en dos cuerpos. Así la vida era un horror para mí porque yo ya no podía vivir como una mitad... Yo me había quedado como un lugar triste en el que no podía estar, pero tampoco podía salir de él."

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