domingo, 5 de febrero de 2012

¿Cómo decirlo?

Levantarse cada mañana pensando en lo mismo. Te miras en el espejo y ensayas la mejor de tus sonrisas. Sales a la calle y el viento frío aclara tu mente. Pero no lo suficiente. ¿Cuándo llegará esa brisa definitiva que arrastre lejos esos pensamientos? La gracia está en que depende de ti, pero tú no te sientes con fuerzas, y tampoco lo deseas de corazón, porque tu corazón está ocupado con otros asuntos. Las horas del día te distraen, pero no lo suficiente. Tú querrías estar en otro lugar... o no, quizá lo que estás buscando es estar en otro tiempo. El presente de tus recuerdos. En ellos no había por qué ensayar sonrisas porque salían solas, porque esa persona te las sacaba con mucha facilidad. No había que levantarse pensando en eso porque aquello en lo que sueles pensar estaba a tu lado, con esa mirada tan bonita, tan suya.

Ahora ninguna mirada es así, todas son vacías, empezando por la tuya propia. Podrás maquillarla pero sólo obtendrás una réplica como los cuadros de contrabando. Quizá antes tu propia mirada era tan bonita porque estaba hecha para ser dedicada. Exactamente igual que todo lo que hacías, por pequeño que fuera. Y ahora ni siquiera eso tiene el mismo sentido. ¿Qué lo tiene? Sólo los deseos que pides cada noche antes de acostarte. Aquel podría haber sido el mejor día de tu vida, pero falta ese algo. Ese algo que era, y es, todo. Pero ya sólo queda aferrarse a la idea de que mientras esa estrella de sensaciones esperanzadoras siga brillando más fuerte que el sol en tu interior, tu sonrisa tendrá un objetivo. Y, si aún sigues creyendo en las promesas y aceptas la mía, te prometo que se cumplirá. Dulces sueños.



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