martes, 28 de febrero de 2012

No es un secreto, díselo a todos.

Todo el mundo habla de que en la vida hay que improvisar, hay que cerrar los ojos y dejarse llevar. Y eso es lo que hacemos. Cada día nos levantamos sin saber qué puede suceder, qué nos va a cambiar la vida para siempre o qué lección vamos a aprender. Salimos a la calle dispuestos a aceptar cualquier cosa que ocurra. ¿Un nuevo amor? Perfecto. ¿Un encuentro con una antigua amistad? Adelante. ¿Un día de oportunidades? Claro que sí. Todos queremos dejar atrás los errores y concentrarnos en que el futuro venga limpio y puro. En parte es porque no sabemos qué deseamos y dejamos que el destino nos sorprenda.

Pero, ¿Y qué hay de los que lo tienen todo claro? ¿Qué pasa con los que saben exactamente lo que quieren y cómo lo quieren? Hay veces que sólo necesitas una cosa. Que sólo hay un camino que quieras seguir. Y no importa cuánto tiempo tenga que pasar hasta que se abra su puerta, ni cuántas oportunidades dejamos volar para centrarnos en nuestra meta. Porque a veces, y sólo pocas veces, nuestro corazón sólo deja un hueco libre con un cartel de "Reservado". Y sabemos que lo vamos a conseguir. Y esos sueños con los que despertamos cada día avivan las ganas de luchar para conseguirlo.

Porque a veces es mejor abandonar el "Lo conseguí por casualidad del destino" y sustituirlo por un "Lo conseguí porque era para mí".


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