jueves, 22 de marzo de 2012

Querido John:

Hola, te escribo para contarte algo muy curioso.

Hoy he recordado la primera vez que te vi. Y es curioso porque no es aquella que ambos pensábamos y recordábamos riendo, sino otro día mucho más lejano, y, si cabe, mucho más especial. Cada día nos cruzamos con personas desconocidas, algunas veces incluso nos fijamos en sus detalles y nos generan bonitos pensamientos sobre cosas que pudieran pasar. Sin embargo, todas esas personas son como estrellas fugaces, que pasan, brillan, se van, se olvidan. Y es como si nunca hubieran existido.

Pues la primera vez que te vi fue una de esas veces. Y ahora puedo recordarlo todo. ¿Sabes? Podría decirte dónde estabas, cómo ibas vestido, cuál era tu peinado, quienes te acompañaban, lo que me dijeron... ¿Y sabes qué fue lo que pensé? Que eras demasiado para mí. Que alguien como yo jamás podría aspirar a estar contigo algún día. ¿Te das cuenta de lo que puede hacer el destino? No sé por qué me ha venido a la cabeza de repente, sólo sé que algo así no es casualidad. Y también sé que el tiempo es caprichoso, sabe que lo necesitamos, y juega con nosotros llevándonos de allí para aquí. Pero al final sólo hay un único destino, y ese día, en el que yo iba vestida de princesa y tú de príncipe azul, se repetirá.

No sé en qué parte del mundo estás, entiendo que hace mucho perdí el derecho a saber esas cosas. Pero, pasen los años que pasen, hay algo que tengo más claro que nunca, nos vemos pronto.(Querido John)




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