lunes, 25 de junio de 2012

Big girls don't cry


Tu olor permanece en mí. No sé dónde estarás ahora mismo. No lo sé desde hace mucho tiempo. Después de todo el daño necesito el calor del refugio de mi propia protección. Un sitio en el que fingir que todo está bien es una ley natural. Un lugar de calma relativa.
Sé que siempre te echaré de menos, como un niño echa de menos su mantita, aunque estés a pocos centímetros de mí. Pero tengo que seguir con mi vida. No puedo dejar que el agua se estanque, porque se tiñe de un color anaranjado. Y sé que por mucho que espere nada va a cambiar, y el tiempo seguirá derramándose. Por eso es hora de que me distancie de ti, es tiempo de ser una chica grande. Y las chicas grandes no lloran.
Los cuentos de hadas no siempre tienen un final feliz, ¿Verdad? Y si me quedo como estoy ahora incluso la luz de su recuerdo se volverá tenebrosa.
A pesar de todo estoy dispuesta a ofrecerte mi mano si te caes, porque me gustaría que tú me tendieras la tuya si yo tropiezo. Sé que en la distancia aún compartimos pensamientos antes de acostarnos, justo en el momento en que la imaginación se desata con la mirada perdida en el oscuro techo, justo antes de cerrar los ojos y soñar juntos de nuevo, esta vez inocentemente.

domingo, 17 de junio de 2012

Johnny Fedora & Alice Bluebonnet

Cuando algo te marca la infancia, haciéndola aún más dulce, lo recuerdas con infinita nostalgia. Si es el caso de una película de dibujos animados, aquellas tan inocentes que nos pegaban a la pantalla, sientes cierta rabia cuando los demás no conocen una especial para ti. Ese es mi caso ahora mismo. Cuando era pequeña ya amaba el cine, claro que el de dibujos animados de Disney, y mis padres siempre me regalaban películas, que ahora ocupan todo el fondo de mi armario y jamás tiraré. Una vez mi madre apareció con una película en VHS un tanto peculiar. Era una recopilación de historietas variadas antiguas de Disney llamada "Mi Querido Mickey" [Link ]. Entre estas historias hay una en concreto que siempre permanecerá en mi memoria y sus canciones nunca se me van de la cabeza. Siempre que pienso en ella la recuerdo perfectamente y unas mariposas me recorren el estómago. Me da mucha rabia que nadie o casi nadie la conozca, y por eso hoy he querido compartirla. Es una historia de los años 50, en verdad es bastante tonta pero es muy dulce e inocente.
Trata de dos sombreros, un fedora de hombre llamado Johnny Fedora y un sombrero de mujer llamada Alice Bluebonnet, que están expuestos en el escaparate de una tienda de moda y se enamoran el uno del otro.


Se imaginan que se casan y se van a vivir juntos a una gran sombrerera, y tienen bebés sombreros.

La mala suerte es que compran a Alice y Johnny la pierde. Tiempo después Johnny también es comprado y una vez que está fuera de la tienda busca a Alice por todas partes, encontrándose con otros sombreros y cambiando de dueño. Incluso vuelve a la tienda para ver si ella sigue allí.

Finalmente, después de pasar muchas desgracias, cuando el pobre sombrero había perdido la esperanza de encontrar a Alice, alguien encuentra a Johnny y le hace unos agujeros para utilizarlo como sombrero de su caballo. La suerte fue que el sombrero de la yegua que iba a su lado era su querida Alice. Y así consiguen vivir juntos para siempre.

Como ya dije antes, es una historia un poco tonta y puede parecer una locura, pero para mí tiene mucha carga sentimental, así que no podía dejarlo pasar.
Aquí dejo el vídeo de la historieta. En voz original y en castellano. Merece la pena verlo, emociona. Espero que os guste :)







miércoles, 13 de junio de 2012

Tarde, pequeño.

"¿Cuándo se decide que es demasiado tarde?" Me preguntaste, tumbado el hierba mientras te acariciaba el pelo. Era una de esas preguntas que los mejores amigos se hacen mirando juntos hacia las nubes. La curiosidad inocente te invade de repente porque piensas que nunca lo sabrás.

Ha pasado tiempo desde entonces. Demasiado. Tanto que mi sonrisa ya no es la misma. Se ha aburrido de esperar. Y ya no tengo tiempo. Me pregunto durante cuánto tiempo hay que aguantar los desaires, los recuerdos, las lágrimas. Pero llega un momento en el que toda la perspectiva cambia. Incluso de la forma que ves a aquella persona que no hacía mucho te regalaba su tiempo.

Vale, puedes irte. Escucharé tus pasos alejarse por el corredor mientras me quedo de espaldas a ti, todavía en mi habitación, cada día un poco más vacía. Me quedaré con la mirada perdida en algún momento lejos de aquí, y cuando vuelva a la realidad justificaré lo que haces y miraré hacia otro lado. O quizá hoy no. Puede que ya no me apetezca fingir que tengo valor para eso. Tienes un problema, pero no es mi problema. Por mí puedes perderte a kilómetros de aquí hasta que me eches de menos. Puede que cuando eso ocurra me cojas de las manos y me mires a los ojos. Pero mejor búscate a otra persona que no te deje marchar, no me pidas ayuda, porque has cambiado. Empezaste salpicándote de barro, pero ahora estás completamente sumergido en el hondo charco.

"¿Que cuándo se decide que es demasiado tarde? Imagino que este es el momento, que así es como llega... Porque ahora lo es".



sábado, 9 de junio de 2012

Still fighting it

Buenos días, pequeña. ¿Has tenido dulces sueños? Vayamos a desayunar tortitas con nata y sirope. Tú de fresa, yo de chocolate. Como todas las tardes. Pero hoy será una mañana, porque tengo que hacerte una de esas reflexiones filosóficas que nos encantaban a la hora de la cena.

Todos saben que es difícil hacerse a la idea de crecer. Pero lo hacen. Déjame decirte que los años pasan y que  todos seguimos luchando. Y tú eres mucho como yo. Lo siento.

Quizá dentro de unos años ambas volvamos a estar aquí sentadas con un par de cervezas. Y te recordaré el día de hoy. Cuando te levantaste angustiada y todo cambió. Supe que sentías dolor cuando los días de lluvia y los días soleados evocaban en ti las mismas emociones. No sé si es bueno o malo, pero los días siguientes tú lucharás y lucharás. Y un día volarás lejos de mí.

Pero ese día no será hoy. Sé que te has tropezado y has llorado con la caída. Y esta vez mi pañuelo no te ha limpiado la tierra de tu rostro. Pensé que serías lo suficientemente mayor como para secarte las lágrimas y luchar por tus sueños, por tu vida. Y sé que lo eres. Pero esta vez quizá necesites que te abrace y no te suelte. Que te mantenga en un lugar seguro. Puede que me odies por ello. Pero quiero que dentro de esos años prometidos, cuando hablemos de hoy como pasado, uno de nuestros temas no sea haber cometido un error.

Tienes que ser valiente, porque sé que puedes, porque sé que lo eres, porque confío en ti, porque te quiero.




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