miércoles, 19 de diciembre de 2012

Scarlett

Relato adaptado de Mon Fabuleux Destin, blog de mi compañera futura guionista, justa escribimos el guión de "Scarlett".


Cuando termine este relato entenderéis por qué hoy duermo entre rejas.
Mi querido Will... El destino quiso que tuvieras el fuego que necesitaba. Aquel antro estaba lleno de hombres, ruidosos y molestos. Pero él era elegante, refinado, de facciones varoniles y francamente atractivas. Y me miraba. Me encanta esa sensación que produzco en los hombres. Aquella fue mi perdición. Me acerqué a él con mi tenue movimiento de caderas. -¿Tienes fuego?- Le dije. Su sonrisa de medio lado me cautivó. Prendió mi mechero y le miré fijamente a los ojos mientras fumaba. No tardó en invitarme a una copa. Sabía que no podría resistirse a mí y yo... me sentía tan sola... 

Salimos de aquel bar hasta arriba de alcohol. Pensé que él sería una buena compañía esa noche. Probablemente me llevaría a su casa y me haría suya sólo por unas horas. Pero entonces lo vi. Su Maybach Zeppelin brillaba a la luz de las farolas de la calle oscura y ruidosa de New York. Ese coche era de alta gama, asientos de cuero, líneas elegantes... No sé conducir, pero sé diferenciar los coches caros. Ambos nos fundimos en una noche de pasión en el asiento trasero. Me seducía más esa idea que su casa. ¿Quién sabe? Quizá él mereciera la pena...

Y así resultó. Encontré en él mi cómplice perfecto, mi amante desenfrenado. Formábamos una pareja invencible, el dinero nos llegaba a borbotones. Mientras yo utilizaba mis fabulosos encantos para distraer a nuestros contrincantes de póker, él trampeaba el juego. Yo sólo tenía que atraer incautos compradores a nuestro negocio negro de joyas, o elaborar exquisitas tartas con soufflé de cianuro, y él me llenaba de abrigos de pieles, de diamantes, de cenas en los mejores restaurantes de la ciudad... Oh, Will... me lo puso tan fácil... Vivíamos entre fiesta y fiesta, en bares llenos de sucios gángters. Era el cómplice perfecto, juntos robábamos bancos, yo sólo tenía que complacerle cada noche. Debo reconocer que él me excitaba realmente. Pero nunca olvidé separar el placer de los negocios.

Había otro hombre, Rohnny. Le llamaban 'El flaco'. Tuve la oportunidad de conocerle y trabajar con él en un ocasión. Siempre me citaba en un café de la Quinta Avenida y se sentaba a mi lado, a escasos centímetros de mí. Sus ojos eran profundos, como la oscura noche. Su cabello era grácil y fino. Sus facciones juveniles, no llegaba a los treinta. Desprendía atracción por cada poro de su piel. Su miraba me desnudaba cada vez que se posaba en mí. Sus manos me provocaban temblores cuando me rozaban. Una noche me citó en secreto. La recuerdo perfectamente. Llovía y mi vestido se ceñía a mi cuerpo. Las gotas caían de su flequillo resbalando por su esbelto cuello hasta llegar a su pecho, donde su camisa blanca se pegaba resaltando su figura. Caminábamos en silencio cuando de repente se paró y se volvió hacia mí, sólo para apartarme un mechón de mis labios rojizos de carmín. De pronto todo se aceleró en segundos. Rohnny me estrechó contra la pared y ambos nos devoramos el uno al otro. Nunca pude pensar en Will. Mucho menos que estuviera a pocos metros de nosotros, viéndolo todo con sus ojos de traidor.

Pocos días después Will me invitó a cenar en el Palm Blue. Era un restaurante famoso y elegante. Música suave, caviar, velas... ¿Qué más se podía pedir? Le encanta sorprenderme. Más de lo que me hubiera imaginado. La charla en aquella velada era trivial, sobre caviar, creo recordar. Y entonces llegaron. Policías de Manhattan entraron ruidosamente. Me cogieron de repente, sólo pude ver un mar de uniformes, ni siquiera me percaté de la pausa de la música. Intenté soltarme como pude, y quise pedirle ayuda a Will. Pero cuando le miré él permanecía impasible en la mesa, bebiendo champagne de su copa. Entonces lo comprendí todo. Mi compañero, mi cómplice, mi fiel amante... me había trainionado. Insulté y maldije cada parte de su alma, todo en vano. LO último que recuerdo de él fue su repugnante ironía -Tranquila, querida, yo pago la cuenta.- Me dijo. Y todo en mi mundo se desvaneció.

Y ahora estoy aquí, encerrada entre paredes grises, sentada sobre un catre destartalado y chirriante, con un uniforme indigno de una dama. La policía se jacta de haber encarcelado a la buscada delincuente Scarlett, famosa por su melena pelirroja como un día en el infierno. En secreto admitiré que jamás debí dejarme llevar con Rohnny, pero sobre todo, jamás debí confiarme de alguien como William, ese lobo escondido entre opulentas pieles de cordero.


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