viernes, 23 de agosto de 2013

Sentir.

Compartir una manta. Recibir flores. El olor a piscina, a carmín, a primavera, a campo mojado, a juguetes hinchables. Los primeros rayos de sol del verano. Una taza de café caliente en una noche fría. El sonido de la lluvia. Las camas grandes. Los jerseys de renos. Un bosque de niebla. Frases cortas y bonitas. Que se filtre luz por las persianas. Despertarse una noche sabiendo que puedes dormir más. Un beso mañanero. Las primeras citas. Cocinar para alguien. La nieve. La última clase del viernes. Abrazar a tu mascota. Decorar para una fiesta. Una estantería de libros. Ver parejitas de ancianos. Esos días vagos en pijama. Soñar. Pisar la hierba. Las luces de Navidad. Tu cumpleaños.  Abrir regalos. Encontrar recuerdos. Releer conversaciones y mensajes antiguos y olvidados. El crujir de las hojas secas. Un ramo de peonías. Ver vestidos de novia. Descubrir una canción nueva. Las diademas con lazo. Hacer fotos con macro. Llevar un vestido precioso y admirarte frente al espejo. Escuchar música tranquila a solas. Tirar palitos al río como si fueran barcos. Ver series. Salir a desayunar fuera. Los peluches. Leer a la sombra en el jardín. Escribir. El primer día de vacaciones. Un abrazo por detrás. Tumbarse en una manta después de un picnic. Ver tu ropa favorita en tu armario. Poner flores en tu pelo. Entusiasmarte al ver fotos del lugar de tus futuras vacaciones. Los parques temáticos. Comer chocolate. Amar cada una de las pequeñas cosas que tiene la vida.


jueves, 22 de agosto de 2013

Transparentes

Siempre quise que supieras ver a través de mis paredes, sin haber aprendido siquiera a verte a través de tu cristal. Lo sentía demasiado embarrado como para entenderte. Eso me hacía pensar que para ti era más fácil soltarme, cuando yo me aferraba a ti como a un árbol en mitad de un huracán. Puede que intentase hacerme un hogar en tus brazos cuando éstos eran todavía de papel, que se desvanecía al mojarse con gotas de sal. Supongo que no les dejé hacerse fuertes con el tiempo. O quizá me culpo por algo que debía suceder sin más. Ahora te has convertido en un rompecabezas con cuenta atrás. En muchas ocasiones lo intento con todas mis fuerzas, pero no sé resolverte. Esas veces olvido que yo también soy como un puzzle, que te faltan piezas sobre mí que tú mismo te has pintado. Me miro al espejo y sólo veo pretensión, la imagen de un reflejo que no soy, que yo misma he construido con la intención de crear un pasaporte a... ninguna parte. He usado lo mejor de mí para jamás dejarte entrar para ver la verdad. Solamente entonces puedo lograr entender un poco de ti. Porque por mucho que me mires no me ves a mí, sino a esa muñeca de porcelana que decora las estanterías. No sé quien de los dos está más vacío por dentro, y dudo que sea buena idea quedarse aquí para averiguarlo. Sólo si algún día quieres, romperemos mis paredes a martillazos, limpiaremos tus cristales hasta que se vea el reflejo de tu alma, encontraremos tus respuestas y te daré las piezas del puzzle que te faltan. A lo mejor ese día lograremos ser transparentes.



sábado, 3 de agosto de 2013

Los juegos del hambre

El mundo es como un programa de televisión. Todos los demás te están mirando. Debes sonreír y fingir. Fingir que ellos te agradan, que eres feliz, que no hay más sitio en la tierra donde estarías mejor que allí. Todo porque fuera te están juzgando, a cada segundo que respiras. Y si no les gusta lo que ven, estás fuera. Se deleitan viéndote sufrir y comentándolo entre risas y un Dry Martini. Esperan verte fracasar. Esperan babeantes para mirar tu caída. Y cuando estás en el suelo, herido, nadie corre a ayudarte. Prefieren alimentarse de tus sobras. Por eso estamos siempre en guardia, atentos a nuestro alrededor, con los ojos bien abiertos. Nos protegemos en un camuflaje de mentiras que nadie cuestiona en creerse. Esto es un show, un simple juego de lo que antes era el patio de colegio. Pero quizá tengamos algo que ellos no tienen, quizá por eso nos miran tanto.

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