sábado, 30 de noviembre de 2013

Wide awake

Estoy despierta. He estado sumida en la oscuridad mucho tiempo, cegada, con el corazón roto, abierto de par en par. Pero ahora lo veo todo claramente. ¿Cómo pude estar tan ciega? Interpreté mal las señales, no supe leer bien lo que decían las estrellas. Ahora sé que nada era lo que parecía, lo que tú querías que pareciera. Es como si hubiera estado viviendo en un sueño. Ojalá hubiera sabido todo lo que sé ahora. Pues en ese caso jamás me habría dejado llevar por ti. Al caer la gravedad me golpea duramente. Duele. Y es que tú hiciste todo aquello tan dulce... que ahora siento que caigo desde las alturas, desde el séptimo cielo, para estrellarme en el frío y duro suelo de la realidad. Ahora ya no pierdo el sueño, he recogido todas las pequeñas piezas de mi alma partida y me he levantado con los pies firmes en la tierra. Por fin he comprendido que no necesito nada que me complete. Me siento como si acabara de nacer, como si acabara de huir de las fauces de un león. Ya no tengo que fingir. Y, por si lo preguntas, sí, es demasiado tarde, nuestra historia se ha terminado, fin. Truenos resuenan, castillos se derrumban, y yo sólo estoy tratando de aguantar, de sobrevivir. Dios sabe que lo intenté con todas mis fuerzas, luchando siempre por ver el lado positivo de las cosas, pero ya no estoy ciega.


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