Con la tecnología de Blogger.

Tener un gato

He leído muchos artículos y blogs dedicados a explicar lo duro y gratificante que es tener un perro. Que si es una gran responsabilidad, que si no es algo para cualquiera, que si las razas... Y en muchos de ellos culminan (bordemente, para mi gusto) añadiendo "y si no te gusta toda esta responsabilidad, ten un gato". Muy bien. Estupendo. Un aplauso para quien lo escribió.

Comparar un perro con un gato es como comparar un plato hondo con un plato plano. Iguales en su razón de ser, pero totalmente distintos. Un gato no es, ni mucho menos, una alternativa a un perro.


Es por ello que hoy voy a explicar desde la experiencia de una servidora que ha convivido durante ocho largos años con un gato.

Primero y ante todo: los gatos también son una gran responsabilidad. ¿Es que no tener que sacarlos exime de esta afirmación? Los gatos comen. Y mucho. Hay que cuidar su alimentación, escoger el mejor pienso, la mejor comida húmeda, controlarles sus excesos (Sobre todo en el caso de los gatos de piso, que comen más)... Y beben. Hay que cambiar su agua todos (Sí, sí, toditos) los días. Porque, además, son unos cochinos de cuidado que la manchan a diario y luego rehúsan de ella por estar sucia (Estos orgullosos mininos...). Y no olvidemos que si no está fresquita no es de su agrado, como tampoco lo sería del tuyo.

Requieren una rutina. Engancho esto con el párrafo anterior, pues es muy importante controlar las horas en las que se les sirve la comida. En mi caso, a mi gato le servimos desayuno de pienso seco y cena de pienso más cómida húmeda de Whiskas (media bolsita de platitos del día, para ser exactos). Un error común es dejarles a su autoservicio. Como dato: ¡Los gatos no tienen autocontrol! Comerán a todas horas y... (espera, que viene lo bueno)

¡Vomitan! Sí. Y pensarás, posible futuro dueño de un minino, "claro, las bolas de pelo". Claro. Son animales que se lavan a sí mismos y desprenden una gran cantidad de pelo, más incluso si hablamos de razas como el persa. Esto incluye la exclusión de locos de la limpieza de los candidatos a tener un gatito. Vomitan en cualquier lado y ahí te lo dejan. Es tu deber andar detrás con la toallita humedecida en mano, como si de un bebé se tratara. Y si estás soñando con que tus problemas de vómitos terminarán cuando el animalito coma de la hierba gatuna que venden, quítate la idea de la cabeza. Puede que la tome unos días como novedad o aburrimiento, pero se cansará de ella y pasará. Muy en plan "deal with it".

Sueltan mucho (así como muuuuuuuuucho) pelo. Y nunca serán suficientes los cepillados (si es que no te quita de un zarpazo), ni las veces que pases la aspiradora. Sus pelos estarán en tu cama, en tu silla, en el suelo, en la mesa, en la encimera de la cocina, en tu plato, en los cojines, en las cortinas (si aún las tienes), sobre todo en tu ropa, en tu ordenador e incluso en las casas de tus amigos. Uno nunca escapa de los pelos de gato.

Tienen sus necesidades. No hay que sacarlos, pero hay que limpiar su caja de arena. Lo cual es más asqueroso que recoger un regalito de la hierba del parque con tu bolsita perfumada y tirarlo a la basura más cercana. Además, ten en cuenta que la caja de arena está dentro de tu propia casa. Es decir, que el lindo gatito hará popó delante de quien esté, y no es un aroma de rosas precisamente. ¡Ah! y revuelve la arena para enterrar sus vergüenzas, lo que quiere decir que salpicará de tierra todo alrededor.

También van al veterinario, no lo olvides. Y eso es un gasto que se suma a alimentación, aseo, arena, juguetes, complementos... Porque sí, necesitan camita, comedero, arenero, juguetes, rascador... Piensa que es el mismo gasto que un perro, al fin y al cabo. Lo que no gastas en correas lo gastas en areneros y rascadores.

Son destructivos. Años de educación es lo que cuesta que el amigo peludo no se rasque en el sofá. El mío, por ejemplo, tiene un rascador de varios pisos con camita y juguetes que cuelgan incorporados. En vez de usarlo se rasca en las puertas. Las tiene que da penita verlas. Y su rascador bien, gracias.

Viven muchos años y son un cuidado a tiempo completo. Que sí, que son independientes. Y sí, pasan de ti la mayoría del tiempo. Pero eso no quita para que sean una responsabilidad. Cuando te vas de viaje, ¿Quién cuida del gatito? Cualquiera que tenga un perro puede dejarlo en un hotel de mascotas o llevárselo. ¿Pero un gato? Nadie lo quiere. Te habla la experiencia. Nadie quiere un gato suelta-pelo y araña-cosas en su casa por una temporada. Con suerte encontrarás a alguien que acuda todos los días a tu casa a darle de comer. Repito, con suerte. Jamás imaginaste tener que quedarte en casa por un gato, ¿Eh? Ademas, los gatos sufren mucho al ser trasladados de su hogar. Pensarás que un perro también, pero no del mismo modo. Un gato tiene su territorio. Sacarle de ahí supone llevarle a otro lugar que no controla y no domina, que no es su territorio. Esto puede suponerle la caída del pelo, no comer, esconderse en lugares extraños, conducta hostil hacia los humanos y otros animales e incluso escaparse si tiene posibilidad. Yo, personalmente, no recomendaría sacar al gato de su territorio, básicamente porque ya lo hemos hecho y sé sus consecuencias.

No son perros. Ya sé que lo sabemos todos pero nunca está de más recordarlo. Hay gente que dice que su gato se comporta como un perro porque entiende las órdenes, hace juegos, responde a su llamada, es sociable... Pero no es lo común. cada gato tiene su carácter muy marcado, pero por lo general son orgullosos e independientes. Puede salirte cariñoso como huraño, o vaguete como un torbellino que no para quieto. Pero en ningún caso pretendas que sea como un perro.

En el momento en que tienes un gato por imposibilidad de tener perro te llevas una gran decepción. Así que si estás pensando en tener un gato como consuelo porque tus papis no te dejan tener perro, acabarás de él hasta las narices. No son perros de interior. No es un perro al que simplemente no hay que sacar. Es mucho más que eso.

Pero, ¡Tranquilo! que tiene todo su parte buena.


Y es que estos angelitos peludos saben como ganarse tu corazoncito. Entre ronroneos, que frotan su cabecita entre tus piernas para saludarte, que siempre te miran con esos ojitos grandes y adorables... Siempre te hacen compañía. No todos son cariñosos ni te dejan tocarles cuando tú quieras, pero aprendes a quererlos tal y como son. Yo a mi pequeñín no lo cambiaría por nada. Las risas que te hacen pasar con sus tonterías, sus travesuras, sus juegos entre bolsas y sus payasadas merecen cada minuto de tu tiempo. El simple hecho de acariciarles y jugar con ellos desprende una cantidad de felicidad que no es comparable a nada. Son capaces de hacerte ver el lado positivo de las cosas cuando estás más triste. Saber que están felices porque estás a su lado te hace sentirte especial. Además, son tan adorables que harías cualquier cosa por verles felices.



Y es que por algo estos animalitos tan resultones y curiosos son los amos y señores de Youtube. Y, que se sepa, de nuestros corazones.

Una vez que hayas probado a tener un gato... Dale la bienvenida a una vida llena de patitas peludas.


He aquí Girasol, el dueño de mi corazón y de mis disgustos.

Disney

Pocahontas me enseñó que el amor es ver el mundo desde otra perspectiva. Mulán me enseñó que el amor es luchar por quienes más te importan. La Bella Durmiente me enseñó que el amor es inesperado. La Sirenita me enseñó que el amor puede ayudarte a recuperar tu propia voz. Tiana me enseñó que el amor es creer en los sueños de la otra persona. Bella me enseñó que el amor es apreciar a las personas por quienes son en su interior. Aladdín me enseñó que el amor no tiene reglas. Rapunzel me enseñó que el amor es juguetón. La Cenicienta me enseñó que el amor puede pillarte por sorpresa. Brave me enseñó que el amor es aprender a valorar a tus seres queridos. Blancanieves me enseñó que el amor es encontrar tu "felices para siempre". Y Frozen me enseñó que el amor es anteponer las necesidades de la otra persona antes que las tuyas.

Detrás de toda historia, por infantil o superficial que parezca, hay una gran verdad y una gran lección.

Un día cualquiera

...Y ella me miró, con una sonrisa neutral, y me dijo tranquilamente que lo había dejado con su novio. Y a mí, que en realidad me daba igual, se me congeló el alma. En sus ojos no había brillo. Miraba hacia otro lado y le sonría a sus amigos, reía con el acontecer del momento. Mis recuerdos se sumieron en un flashback doloroso en el que aparecía yo llorando desconsalada en un sofá, con la mirada perdida y apagada en la silla de clase, no encontrándole nada positivo a este mundo de soledad. Y ella estaba... bien.

Decía estar triste, decía quitarle importancia, pero si no la hubiese conocido, si no hubiese hablado con ella aquel día, jamás habría imaginado que aquella chica de actitud despreocupada acabase de perder al amor de su vida. Vale, quizá decir el amor de su vida es decir demasiado, pero aún así es pérdida, y la pérdida se siente. No solo se siente, sino que se ve, se nota, se aprecia en el ambiente que nos rodea, como un aire denso y gris que impide respirar. Pero, ¿Por qué estaba bien? ¿Para torturarme? ¿Cómo estaría yo en su lugar? Con el ceño frucido, la sonrisa inversa, envidiando a todos aquellos que no tienen suerte en el amor porque no sufren un corazón roto de esta manera.

Ya, ya sé que se puede romper un corazón de igual forma, pero no de esa forma. Tienes los ojos abiertos y ves tu felicidad ante ti, abrazándote como si fueras única, compartiendo su tiempo con tu tiempo en tus actividades favoritas, llenándote plenamente de energía. Y, en un segundo, pestañeas, y se ha ido. Sí, así sin más. Y te ha dejado ahí, sola, habiendo perdido toda capacidad de sentir el sol de primavera. Ese corazón roto, ese que te da absolutamente todo y luego te lo arrebata de un soplido, ese no lo sienten. No saben la suerte que tienen.

Sin embargo, ella estaba ahí, impasible. Pero en sus palabras había relatos de dolor y tristeza. Y yo me pregunté, ¿Será que los demás no sienten tanto dolor como yo, o es que saben fingir mejor? Pues, durante el día, delante de sus seres queridos, una persona puede ser feliz o fingirlo, y no le notas nada. Pero por la noche, en su habitación, en la más absoluta soledad, puede ser desdichada, como todos los demás.

Desniveles

Con el tiempo, todas las cosas se acaban desnivelando. Edificios antiguos, una estantería con el peso de los libros, los sentimientos... Piensas que lo que sucede en cada uno de nosotros va a la par, pero llega un momento en que se eligen caminos distintos, y todo comienza a cambiar, a desnivelarse. Mientras tú estás en una dimensión, la otra persona está en otra. En otro lugar, en otro mundo, en otro tiempo... Todas las conversaciones se tornan en un sinsentido que no merece la pena. No es la capacidad de entender la que se ha perdido, más bien es la sensación de no ser entendido. Dicen que todo pasa por una razón. Quizá la razón sea que debemos buscar alguien a nuestro nivel. Pero, ¿Para qué? La vida es un continuo repetir de momentos, de situaciones, de pensamientos... El mismo bache en el camino circular que pasa siempre junto al mismo arbusto. Cada día me inclino más a pensar que cada uno de nosotros tiene su propio problema contra el mundo. Que no es una persona, que todo vuelve a suceder con todas las personas de alrededor hasta el cansancio y la resignación. También dicen que si algo pasa una vez puede ser casualidad, pero si eso mismo se repite... es culpa tuya.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...