jueves, 20 de marzo de 2014

Un día cualquiera

...Y ella me miró, con una sonrisa neutral, y me dijo tranquilamente que lo había dejado con su novio. Y a mí, que en realidad me daba igual, se me congeló el alma. En sus ojos no había brillo. Miraba hacia otro lado y le sonría a sus amigos, reía con el acontecer del momento. Mis recuerdos se sumieron en un flashback doloroso en el que aparecía yo llorando desconsalada en un sofá, con la mirada perdida y apagada en la silla de clase, no encontrándole nada positivo a este mundo de soledad. Y ella estaba... bien.

Decía estar triste, decía quitarle importancia, pero si no la hubiese conocido, si no hubiese hablado con ella aquel día, jamás habría imaginado que aquella chica de actitud despreocupada acabase de perder al amor de su vida. Vale, quizá decir el amor de su vida es decir demasiado, pero aún así es pérdida, y la pérdida se siente. No solo se siente, sino que se ve, se nota, se aprecia en el ambiente que nos rodea, como un aire denso y gris que impide respirar. Pero, ¿Por qué estaba bien? ¿Para torturarme? ¿Cómo estaría yo en su lugar? Con el ceño frucido, la sonrisa inversa, envidiando a todos aquellos que no tienen suerte en el amor porque no sufren un corazón roto de esta manera.

Ya, ya sé que se puede romper un corazón de igual forma, pero no de esa forma. Tienes los ojos abiertos y ves tu felicidad ante ti, abrazándote como si fueras única, compartiendo su tiempo con tu tiempo en tus actividades favoritas, llenándote plenamente de energía. Y, en un segundo, pestañeas, y se ha ido. Sí, así sin más. Y te ha dejado ahí, sola, habiendo perdido toda capacidad de sentir el sol de primavera. Ese corazón roto, ese que te da absolutamente todo y luego te lo arrebata de un soplido, ese no lo sienten. No saben la suerte que tienen.

Sin embargo, ella estaba ahí, impasible. Pero en sus palabras había relatos de dolor y tristeza. Y yo me pregunté, ¿Será que los demás no sienten tanto dolor como yo, o es que saben fingir mejor? Pues, durante el día, delante de sus seres queridos, una persona puede ser feliz o fingirlo, y no le notas nada. Pero por la noche, en su habitación, en la más absoluta soledad, puede ser desdichada, como todos los demás.

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