viernes, 5 de septiembre de 2014

¡Pesadilla en la cocina!

Me he pasado todo el día haciendo cupcakes. Primero porque su elaboración es más bien compleja, y segundo porque soy un completo desastre en la cocina. Sí, me encanta la repostería y se me da bien, pero eso no quita que sea un desastre. Para lo que una persona normal tardaría cinco minutos a mí me lleva toda la tarde. ¿Y el resultado? La cocina hecha un asco.

Después de tantos fracasos culinarios, tantos experimentos y tantas horas invertidas, puede que no haya aprendido a ser una gurú, pero he aprendido lo que no se debe hacer. Es decir, los fallos más comunes que echan a perder una receta que habría podido salir bien. Así que hoy me siento con ganas de deciros unos consejos para que arméis un desastre en la cocina.

[Próximamente: Receta de los cupcakes que elaboré hoy]




1- Aprender los términos: Parece una tontería, pero un error de lenguaje puede estropearos el plato entero. Una cucharada no es lo mismo que una cucharadita. Una medida de taza de café no es lo mismo que una medida de taza de té. Icing sugar no es azúcar glass. Glaseado no es fondant. Y una tarta de queso no es una cheesecake. Antes de poneros manos a la obra invertid un poco de vuestro tiempo en dominar los términos y las técnicas fáciles.

2- Ser estrictos con los ingredientes: Si conocéis un plato podéis permitiros el lujo de cambiar los ingredientes, las marcas de los mismos, el modo de cocinarlo... Pero en muchos platos y postres  cambiar un mínimo detalle os lleva directos al desastre. Si pone mantequilla no uséis margarina ni mantequilla light. Si pone cacao en polvo no uséis colacao. Si especifica una marca concreta, usadla (A no ser que sea un alimento genérico o sepáis que es publicidad. Por ejemplo, si os dice azúcar La Azucarera, podéis usar cualquier otro.). Esto se debe a que, aunque nosotros no lo notemos, la consistencia de un alimento a otro varía.

3- No variar las cantidades: A veces no tenemos más remedio porque no disponemos de la medida exacta, pero es importante no saltarnos las medidas a la torera. O se dividen todas o se multiplican todas, pero no se cambian las de unos ingredientes sí y otros no. Esto crearía un desequilibrio para nada sabroso.

4- Incrementar la calidad de los utensilios: Parece estúpido, pero es cierto. La cocina es cara. Si hablamos de hacer una francesa da un poco igual que la sartén sea del bazar o de quinientos euros, pero en muchas ocasiones el precio marca la diferencia de un resultado mediocre a uno óptimo. A veces no nos queda más remedio que utilizar lo que hay, pero cuanto más cocinamos más nos damos cuenta de que no es suficiente. (Hoy mismo he tenido que comprarme una batidora nueva en pleno proceso de cupcakes por esta misma razón).

5- Utilizar un termómetro de horno: Muy útil. La mayoría de los hornos, a no ser que sean nuevos, engañan en cuanto a la temperatura que indican, pudiendo ésta ser realmente más elevada o más baja. Un termómetro de horno os informará de la temperatura real que hay dentro del mismo.

6- Conocer la propia cocina: Por ejemplo, muchos hornos no dan el mismo calor a toda la bandeja, quemando una parte y dejando cruda otra. Por ello es necesario conocer vuestro propio horno y jugar con sus distintas zonas. Pasa lo mismo con el resto de electrodomésticos, con los utensilios disponibles y con el entorno en general. Al principio la cocina es territorio desconocido, pero un tiempo practicando os hará moveros por ella como pez en el agua.

Y, por último, y no menos importante: Ponerle ganas y esfuerzo, y repetir, repetir, repetir. No se nace sabido, se aprende con la práctica. Yo tuve que romper uno de mis boles favoritos para aprender que el caramelo recién hecho no se vuelca en un bol de cristal debido al calor, pues éste explota en añicos. Con el tiempo se adquieren manías y nos damos cuenta de cómo nos gustan las cosas. A vuestro primer arroz no sabréis ni qué echarle, pero a la quinta sabréis exactamente la cantidad de especias, el tiempo de cocción, la dureza... Todo es cuestión de práctica. Y, desde luego, sin esfuerzo y ganas no hay práctica que valga. Por mucho que os frustréis hay que seguir adelante. ¿O es que creéis que nuestras madres y abuelas nacieron con superpoderes? (Yo a veces lo pienso).


Decidme, ¿Qué es lo peor que os pasado cocinando?

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