sábado, 28 de febrero de 2015

Vive la vida que has imaginado

Vivimos en un mundo en el que existen demasiados “Debería hacer…”. Pero no hablo de los propósitos de Año Nuevo ni nada de eso. Hablo de lo que está considerado como el deber. Graduarse en el instituto e, inmediatamente, hacer una carrera. Como si eso fuera una meta o la única vía hacia el éxito. Y, cuando tenemos dicha carrera, hacer unas prácticas y encontrar un puesto de trabajo digno. Te guste o no.

Pero, ¿por qué? Cuando hay una persona que se rebela contra todo esto y dice “No me apetece” todos se le echan encima como leones. “¡Deberías hacerlo!”. Como si solo existiera un camino para todos. Como si todo el que estudia derecho tuviera que trabajar en el mismo bufete durante 50 años. Como si todo estudiante de periodismo tuviera que trabajar en El País. Como si todo el que tiene filología tuviera que ser profesor. ¿Y si no quiere? ¿Y si después de terminar la carrera se ha dado cuenta de que lo que ama es cocinar? “¡Pero no puede, porque tiraría su carrera a la basura!”

¿Y qué? La vida es cambio. Es descubrimiento. Es salirte del camino establecido para abrirte paso entre la hierba por la que nadie ha pisado antes. Yo no sé vosotros, pero aún estoy experimentando la vida. Será que no leí bien el manual de instrucciones, pero yo me he dado cuenta de que solo me siento cómoda realizando aquello que va bien para mí según yo, aunque el resto del mundo no lo vea así. Quiero llegar a la vida que me he imaginado, no a la que todos creen que debo llegar.




¿Por qué tenemos que estar doblegados a esos “Debería hacer”? Lo que “deberíamos hacer” es lo que nos apetezca. Escribir un libro, plantar un árbol, cambiar de opinión… Nuestras decisiones están ligadas, o deberían estarlo, a lo que verdaderamente queremos ser. Plantearos si eso que os proponen os acerca más a vuestro yo ideal del futuro. A veces lo que “deberíamos hacer” nos aleja de nuestro verdadero camino, el que hemos sido llamados para recorrer, aunque no lo sepamos. Incluso si eso incluye ir en contra de la marea.

Propongo un ejercicio: cerrad los ojos durante unos minutos e imaginad vuestra vida ideal. No tengáis en cuenta nada, ni dinero, ni posibilidades, ni si está o no a vuestro alcance, no hay límites a la imaginación ni a los sueños. Visualizaos. ¿Cómo es esa vida? ¿Dónde vivís? ¿Qué hacéis? Una vez que lo tengáis visualizado, abrid los ojos de nuevo y mirad a vuestro alrededor. Pensad en las posibilidades que tenéis a mano. ¿Esas prácticas os acercan a ese futuro? ¿Esa carrera tiene alguna salida que os pueda interesar? ¿Ese trabajo es algo parecido? Si es que sí, adelante, si es que no… no lo hagáis solo por el “debería hacer”.

Tenemos la suerte de ser millennials, y eso tiene la ventaja de tener millones de posibilidades de futuro. Hace diez años, ¿quién habría imaginado que se podía vivir de un blog como este? Hoy se puede, y así millones de cosas más. Podemos permitirnos vivir de lo que queramos, siempre y cuando se le ponga esfuerzo, claro, y se persiga una meta realista. Es tan simple como que cuando algo te gusta, luchas por ello, saltando todos los obstáculos. Y cuando algo no te convence lo haces con desgana, como si estuvieras siendo vigilado constantemente, porque esa es tu única motivación.

Ese yo del futuro que habéis visualizado puede existir. Puede ser real. Puede que no sea tan ideal como lo habéis diseñado, pero nada lo es nunca. Debéis seguir su camino. ¿Que sale bien? Estupendo. ¿Que sale mal? Al menos lo habréis intentado. Siempre hay tiempo de equivocarse o de reubicarse, pero lo bueno de ser jóvenes es que estamos viviendo esa etapa perfecta de descubrimiento y aún no estamos ligados a grandes responsabilidades.


Pero hay un requisito imprescindible: confiad en vosotros mismos. No dejéis que las voces externas os contaminen con sus “deberías hacer” o “está mal”. Solo necesitáis saber que podéis lograr lo que os propongáis, visualizaos teniendo esa vida soñada y vivid como si todo eso fuera cierto. Solo así lograréis llegar y demostrarles que estaban equivocados, que no estabais perdidos ni teníais ensoñaciones. Sed emprendedores. Buscad un camino que funcione bien para vosotros. Vivid según la vida que habéis soñado.

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