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Tell 'em that is my birthday! (OOTD / Photo session)

¡Es mi cumpleaños! (Tiro confeti)







Pues sí, hace exactamente 23 años que vine al mundo. Cuántas cosas han pasado desde entonces... A cada segundo, a cada minuto, no nos damos cuenta, pero la vida pasa. Hay veces que creemos vivir en un momento para siempre, pero no es así, y, casi sin percatarnos, el tiempo se agota. Se podría decir que nuestras vidas son como relojes de arena puestos en fila en largas hileras, y su arena no deja de caer, lentamente. Suena tétrico y medio pesimista, sí, pero no pasa nada. La vida es muy larga, aunque muchos digan lo contrario. Como dije una vida en este mismo blog, la vida es lo más largo que tenemos. Y cumplir años no es ponerse un peso más en la espalda, sino subir un pequeño peldaño cada vez, aprendiendo más y más.







¿Os he hablado alguna vez de mis cumpleaños? Para mí, mi cumpleaños es muy importante, casi sagrado. Es el único día del año en que me siento realmente especial. Siempre hago fiestas temáticas y me esfuerzo mucho en que todo sea perfecto. La decoración, mi ropa, la comida... Estoy a todo (aunque con ayuda). Pero no os voy a mentir. Nunca es perfecto. He pasado cumpleaños sola, he llorado, me ha salido todo mal... Pero así es la vida. Tampoco diré que no me haya importado, porque lo sigue haciendo (cosas de mi personalidad histérica-hipersensible), pero sí diré que la vida no es perfecta. Incluso en la cita más perfecta se nos rompe una media, incluso en nuestro examen mejor preparado fallamos alguna pregunta. Esos peldaños de los que os hablaba... A veces no es cuestión de aprender a subirlos, sino de saltar a través de sus huecos rotos sin caernos.

La verdad es que este año no espero mucho, pero es porque la experiencia me ha enseñado algunas cosas. Hay veces en las que me tengo que poner frente al espejo y enfadarme conmigo misma: "Paula, tienes dos opciones: puedes ilusionarte y creer que todo va a ser ideal, arriesgándote a que cualquier mínimo detalle de desanime, o puedes relajarte, no pensar en nada y dejar que todas las cosas buenas que se quieran presentar este día lo hagan por su propio pie.

Como decía, este año no tengo muchas expectativas, pero estoy feliz. Así es como quiero que sea, después de tantos años intentando hacer la fiesta del siglo. Quiero disfrutar de lo que me apetezca. Un baño de espuma, una cena tranquila en un sitio elegante o una copa de vino blanco. Por suerte, cumplir 23 años me ha servido para aprender que las pequeñas cosas son las que nos hacen sonreír y disfrutar día a día, y no las grandes fiestas tras las que debes levantarte temprano para limpiar.




Eso sí, este año, cuando sople las velas de la tarta, lo haré con mucha fuerza, para que todos mis deseos y proyectos se hagan realidad. Eso sí es lo que quiero.




Para celebrar este día, he hecho una pequeña sesión de fotos. Elegí un vestido blanco que ya me visteis en la graduación de Miguel y estrené mis nuevos stilettos, de los que estoy profundamente enamorada. Quiero entrar en mi nueva edad de blanco y nude, celebrando que tengo 23 y que no importa si soy muy mayor para jugar a los castillos o muy pequeña para vivir mi propia vida. Tengo 23, ni más ni menos. Ni es bueno ni es malo, es lo que es.




Otra de las razones del photoshoot es el fondo. Quiero que mis 23 sean rosas, dorados y plateados, llenos de brillo y de cosas bonitas. Es por lo que voy a luchar, como la existencia de este blog. Y ahora sé que no importa si no soy la mejor en esto, si mis fotos no son de calidad o si hay otos que hacen cosas mucho más alucinantes, pues sé que quiero aprender, y que será un camino largo de ensayo y error. Probablemente me enfadaré, lloraré y patalearé, porque así soy yo, pero llegará un momento en que estaré orgullosa de mis logros, que miraré hacia atrás y pensaré: "mis 23 años fueron los mejores", como siempre suele pasar.







Desde aquí brindo (con una taza de cappuccino) por un año de mi vida mejor que el anterior.

Vestido / Dress: Zara
Stilettos: Dibia