martes, 18 de agosto de 2015

Hola, ¿cómo te llamas?



No todas las grandes historias empiezan con un "hola", pero sí muchas de nuestras grandes amistades. A partir de los 20 años el número de amigos comienza a descender inevitablemente. No es que perdamos los amigos de toda la vida, pero vamos distanciándonos de aquellos que solo eran conocidos o compañeros de fiesta y cafés para centrarnos en nuestra propia vida y en la de aquellos que verdaderamente queremos conservar a nuestro lado.

Trabajos y responsabilidades, como decía una bloguera no hace mucho. Pero quizá yo no diría eso. sí, hay trabajos, prácticas, estudios, oposiciones, mudanzas, vueltas a casa en otros lugares, largos viajes de experiencias... En resumen, todo cambia. Pero a veces no es solo eso. Yo creo que la verdadera razón es que cambiamos nosotros y nuestra forma de ver el mundo y relacionarnos.

Antes, cuando nuestros amigos eran nuestros compañeros de clase, todo era más simple. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando conocí a Gloria hace 9 años. Gloria, una de mis mejores amigas, y yo coincidimos en 3º de ESO. Yo me acerqué a ella un día y... Vale, no me acuerdo de qué le dije, pero sería algo parecido a "hola, ¿cómo te llamas?". Ahí empezó una larga amistad que hoy está separada por un mar y unos cuantos kilómetros. No, no estoy triste, estoy contenta. Pero echo de menos esa simpleza en la que un "¿quieres sentarte conmigo?" era el comienzo de algo para el recuerdo.



Hoy en día hacer amigos no es tan fácil. Ya sea por vergüenza o por miedo, requiere más fuerza acercarte a otra persona adulta y preguntarle "hola, ¿cómo te llamas?", además es infantil. Yo siempre me preguntaba cómo hacían amigos los mayores. ¿En el trabajo? ¿En el gym? ¿A la puerta del colegio de sus hijos? ¿En su vecindario?

Yo creo que esto lo hacemos así nosotros mismos. De un modo u otro todos estamos aquí intentando hacerlo lo mejor que podemos, y no creo que a nadie le moleste que un desconocido se le acerque sonriendo para saludar. Aunque, claro, somos reservados y... hay gente que da un poco de miedo. Uff... En definitiva, es un paso que nos cuesta dar. Tememos el rechazo y que la otra persona piense que somos unos entrometidos o unos chiflados.

Siempre que veo a alguien y me entran ganas de presentarme y conocerle, me envuelve la timidez . Entonces siempre pienso en Gloria y en cómo nos conocimos. Y pienso en que, sí, ahora ella está lejos, pero eso nunca será la causa de que dejemos de ser amigas, si es que algún día sucede, y que a veces ser valiente y acercarte a un desconocido con una sonrisa tiene sus buenas consecuencias. Tanto que puede cambiar todo nuestro mundo y a nosotros mismos.

Así que mi consejo es: acercaos. Muchas personas son groseras porque tienen un mal día, pero muchas otras son amables y sienten la misma soledad que vosotros, y aceptarían que cualquiera les tendiera una mano y les invitara a un café. ¿Quién sabe? quizá acabéis recordando ese momento 9 años después a través de Skype.


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